Es difícil cuestionar una decisíón de vida. Cuando uno cambia radicalmente su día a día -se supone- lo analiza sesudamente y lo hace en función de sentirse mejor, más pleno. Sería insólito, entonces, hacer objeciones en ese sentido. Sí puede ocurrir que esas determinaciones tengan sus consecuencias en otros ámbitos. El laboral, por ejemplo.
No hacían falta siquiera estos dos amistosos contra rivales muy menores, pero no viene mal confirmar las sospechas. Hizo bien Paredes en volver a la Argentina. Hizo mal De Paul en ir a Estados Unidos. Futbolísticamente, claro está. Se marcó como una evidencia en la cancha y hasta en las palabras y las decisiones que tomó Scaloni.
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El fútbol es tan dinámico que todo puede cambiar en un instante: nadie puede prever algunas coyunturas. Pero si el Mundial empezara hoy mismo, Paredes sería titular -en un mediocampo que afortunadamente está repleto de variantes- y De Paul, suplente. Meritocracia pura. Momentos. Rabiosa actualidad, como la que en su momento sacó a Leandro de la titularidad, no bien comenzó el Mundial de Qatar.
Contra Zambia se vio al mismo Paredes de cada fecha. Hasta en el mismo escenario. Amo y señor de los espacios, dueño de equipo, pecho inflado, mirada al frente, precisión quirúrgica para esos mensajes larga distancia que cambian no sólo de frente sino el curso de un partido, como en el primer gol.
A De Paul se lo vio apocado hasta en la zona mixta, tratando de aclarar lo que nadie le había pedido. Habló de no mezclar la política con el fútbol (o sea sus relaciones carnales con Chiqui Tapia y lo que sucede dentro del campo) y efectivamente una situación no tiene que ver con la otra. Rodrigo empezó a ceder su lugar dentro del campo en Miami, a favor de una vida menos competitiva y más relajada que tal vez tenga que ver (imposible de soslayar) con que ya es un campeón del mundo pleno, ya llegó a lo máximo. Y cuando uno está en el desierto y llega a un oasis, siempre el primer vaso de agua es el más importante. Son pocos los jugadores que pueden sobreponerse al contexto y él no es uno de ellos. No es Messi ni Cristiano, cuya autoexigencia los mantiene voraces y en estado, siempre con un objetivo claro.
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Mientras Paredes regó el césped de esa confianza de líder que adquirió en el día a día en Boca y que no había experimentado en ninguna de sus estaciones intermedias europeas, De Paul dejó de ser el lugarteniente de Messi, su sombra y su protector. Es cierto que venía de un golpe fuerte, pero se pareció peligrosamente al que vemos en la MLS y eso no es una buena noticia. Ojalá en este tiempo recuperemos a ese motor que era el temperamento en esencia de la Selección. Se supone que, con el calor, la edad, las eventualidades, habrá lugar para todos y los sextos hombres (o los decimosegundos) son tan importantes como todos los demás. Como lo fue Paredes en 2022.
Falta, todavía, falta. Hay competencia por delante y un tiempo de convivencia donde, ya aplacadas las incertezas, la lucha por un puesto en el debut se dirimirá puertas adentro. Hacia afuera, sin embargo, las cosas se ven bien claras.
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